viernes, 1 de mayo de 2015

Macondo se lució

En la vigésima octava feria del libro en Bogotá se vivió un ambiente exaltado de obras y eventos maravillosos. Un evento autóctono relevante, ya que Macondo fue el invitado de Honor. Dio tal relevancia a Gabriel García Márquez, quién en la literatura ha sido nuestro orgullo. ¿Y cómo no hacerle un homenaje en la feria? 
En el pabellón Macondo se encontraba la historia que transcurrió en García Márquez, y su carrera como escritor y periodista. Desde su primera novela: la hojarasca, hasta cien años de soledad. También su voz deleitaba narrando sus propias obras en  megáfonos, y pantallas, ubicados en aquel pabellón,  igual que anuncios de Cien años de Soledad, la gallera de Macondo y el pequeño tren que circulaba alrededor de pequeños objetos alusivos a Cien años. También la comida, aquella que le agradaba a nuestro nobel. Por ahí encontré las famosas 'bolitas de chocolate rellenas de ají', y agradable fue tenerlas en mi paladar. Un toque picante al final pero el chocolate aplacaba todo. 

Por otro lado había mucha gente satisfecha. A mí me causo una gran satisfacción ver a mi padre emocionado por saber que posee y guarda con gran celo ediciones originales como “Los cuentos de mi abuelo el coronel” editadas por Smurphy Cartón Colombia, expuestas en la Feria del Libro. Oía a otras personas no tan satisfechas, según porque el pabellón estaba muy ornamentado. Cada quién que juzgue.

Macondo se lució muy bien. Aquel espíritu de Márquez impregnaba cada recorrido del pabellón y de toda la feria, y cómo por ahí decían: el mejor homenaje es leerlo. No sólo en la feria es escenario, también en diferentes lugares del país: bibliotecas, universidades, colegios y eventos culturales públicos. 
Qué bueno es retratar en cada persona lo importante de nuestra literatura, y quien algún día decidió sentarse a escribir cien años de soledad, inspirado del nombre de una finca bananera: Macondo. 


Colombia quiere llenarse de Gabo, aunque al principio en Colombia pocos lo apoyaran, él tuvo vigor para persistir en sus obras que tomaron tanta fuerza que convirtió al país en admirador de su trayecto. Nunca rindió sus dedos para escribir, siempre iba contracorriente de aquello que no estaba de acuerdo y siguió adelante frente a mareas que intentaron destruirlo. 

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