En la vigésima octava feria del libro en Bogotá se
vivió un ambiente exaltado de obras y eventos maravillosos. Un evento autóctono
relevante, ya que Macondo fue el invitado de Honor. Dio tal relevancia a
Gabriel García Márquez, quién en la literatura ha sido nuestro orgullo. ¿Y cómo
no hacerle un homenaje en la feria?
En el pabellón Macondo se encontraba la historia que transcurrió en
García Márquez, y su carrera como escritor y periodista. Desde su primera
novela: la hojarasca, hasta cien años de soledad. También su voz deleitaba
narrando sus propias obras en megáfonos, y pantallas, ubicados en aquel
pabellón, igual que anuncios de Cien años de Soledad, la gallera de
Macondo y el pequeño tren que circulaba alrededor de pequeños objetos alusivos
a Cien años. También la comida, aquella que le agradaba a nuestro
nobel. Por ahí encontré las famosas 'bolitas de chocolate rellenas de
ají', y agradable fue tenerlas en mi paladar. Un toque picante al final pero
el chocolate aplacaba todo.
Por otro lado había mucha gente satisfecha. A mí me causo una gran
satisfacción ver a mi padre emocionado por saber que posee y guarda con gran
celo ediciones originales como “Los cuentos de mi abuelo el coronel” editadas
por Smurphy Cartón Colombia, expuestas en la Feria del Libro. Oía a otras
personas no tan satisfechas, según porque el pabellón estaba muy ornamentado.
Cada quién que juzgue.
Macondo se lució muy bien. Aquel espíritu de Márquez impregnaba cada
recorrido del pabellón y de toda la feria, y cómo por ahí decían: el mejor
homenaje es leerlo. No sólo en la feria es escenario, también en diferentes
lugares del país: bibliotecas, universidades, colegios y eventos culturales
públicos.
Qué bueno es retratar en cada persona lo importante de nuestra
literatura, y quien algún día decidió sentarse a escribir cien años de soledad,
inspirado del nombre de una finca bananera: Macondo.
Colombia quiere llenarse de Gabo, aunque al principio en Colombia pocos
lo apoyaran, él tuvo vigor para persistir en sus obras que tomaron tanta fuerza
que convirtió al país en admirador de su trayecto. Nunca rindió sus dedos
para escribir, siempre iba contracorriente de aquello que no estaba de acuerdo
y siguió adelante frente a mareas que intentaron destruirlo.
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