Vas, vienes, como fluido incesante.
evades incertidumbres.
Tu vigor es escudo del desconsuelo.
Intentas estabilizar tus pies en la tierra.
pero existe desequilibrio en ella. Produce efecto colateral.
Porque caes otra vez en la desgracia
de verme... Y ya no sirve tu vigor,
¿De qué sirve huir?
Si detrás de cada paso se aferra una pequeña basura en la suela que no quiere abandonarte.
Pero desgracia es creer que estoy en la etapa final. Y el hemisferio izquierdo diluye cada minuto que te vi como el contexto de mis días.
Se ha acabado. Todo colapso y el resultado: arrojarte, vagancia de mi pensamiento
"Había que hacer era embarcarse en un buque costero y navegar al sur bordeando la costa hasta El Callao, el puerto de lima; para alcanzar la capital de la Nueva Granada, por el contrario, había que cruzar las montañas panameñas, navegar hacia Cartagena, a contraviento, y desde allí a lo largo del Magdalena hasta desembarcar en Honda, desde donde todavía había que ascender la cordillera para llegar a Bogotá" Eloísa: Escritora por vocación. Deja que el alma libere letras, en ellas te identificas
sábado, 16 de mayo de 2015
miércoles, 13 de mayo de 2015
Allen Ginsberg
Libertad del amor y la ley,
las normas y lo común.
Ahora vas a ver un militar agradable, un criminal bondadoso.
Una muerte sin dolor. Sufrimiento sin escapatoria y felicidad de presenciar un barco hundirse mientras la gran sonata de violines acompañan de una pieza armónica para recibir un más allá violento.
Y la nada liberte la nada. El amor cese cariño de parejas. La crueldad sea la felicidad de un par de infelices amándose y reconociendo su engaño para seguir su camino de vergüenza amorosa.
La ignorancia ya no pasa por atrevida, sino por bien servida. El conocimiento lo aborrecen los sabios, porque pierden astucia. Aman la vida, son libres. No hay quien imponga que es bueno ni malo. Al carajo la buena moral. grita un tal Allen Ginsberg.
En honor a su defensa en medio de la guerra que genero discriminación el abismal capitalismo Norteamericano, y a la inoportuna guerra que impuso un régimen estrecho sobre ideales con ganas de volar y no quedar en la puerta sin que nadie abriera. Su poesía fue el preludio de sus venenosas ideas.
las normas y lo común.
Ahora vas a ver un militar agradable, un criminal bondadoso.
Una muerte sin dolor. Sufrimiento sin escapatoria y felicidad de presenciar un barco hundirse mientras la gran sonata de violines acompañan de una pieza armónica para recibir un más allá violento.
Y la nada liberte la nada. El amor cese cariño de parejas. La crueldad sea la felicidad de un par de infelices amándose y reconociendo su engaño para seguir su camino de vergüenza amorosa.
La ignorancia ya no pasa por atrevida, sino por bien servida. El conocimiento lo aborrecen los sabios, porque pierden astucia. Aman la vida, son libres. No hay quien imponga que es bueno ni malo. Al carajo la buena moral. grita un tal Allen Ginsberg.
En honor a su defensa en medio de la guerra que genero discriminación el abismal capitalismo Norteamericano, y a la inoportuna guerra que impuso un régimen estrecho sobre ideales con ganas de volar y no quedar en la puerta sin que nadie abriera. Su poesía fue el preludio de sus venenosas ideas.
viernes, 1 de mayo de 2015
Macondo se lució
En la vigésima octava feria del libro en Bogotá se
vivió un ambiente exaltado de obras y eventos maravillosos. Un evento autóctono
relevante, ya que Macondo fue el invitado de Honor. Dio tal relevancia a
Gabriel García Márquez, quién en la literatura ha sido nuestro orgullo. ¿Y cómo
no hacerle un homenaje en la feria?
En el pabellón Macondo se encontraba la historia que transcurrió en
García Márquez, y su carrera como escritor y periodista. Desde su primera
novela: la hojarasca, hasta cien años de soledad. También su voz deleitaba
narrando sus propias obras en megáfonos, y pantallas, ubicados en aquel
pabellón, igual que anuncios de Cien años de Soledad, la gallera de
Macondo y el pequeño tren que circulaba alrededor de pequeños objetos alusivos
a Cien años. También la comida, aquella que le agradaba a nuestro
nobel. Por ahí encontré las famosas 'bolitas de chocolate rellenas de
ají', y agradable fue tenerlas en mi paladar. Un toque picante al final pero
el chocolate aplacaba todo.
Por otro lado había mucha gente satisfecha. A mí me causo una gran
satisfacción ver a mi padre emocionado por saber que posee y guarda con gran
celo ediciones originales como “Los cuentos de mi abuelo el coronel” editadas
por Smurphy Cartón Colombia, expuestas en la Feria del Libro. Oía a otras
personas no tan satisfechas, según porque el pabellón estaba muy ornamentado.
Cada quién que juzgue.
Macondo se lució muy bien. Aquel espíritu de Márquez impregnaba cada
recorrido del pabellón y de toda la feria, y cómo por ahí decían: el mejor
homenaje es leerlo. No sólo en la feria es escenario, también en diferentes
lugares del país: bibliotecas, universidades, colegios y eventos culturales
públicos.
Qué bueno es retratar en cada persona lo importante de nuestra
literatura, y quien algún día decidió sentarse a escribir cien años de soledad,
inspirado del nombre de una finca bananera: Macondo.
Colombia quiere llenarse de Gabo, aunque al principio en Colombia pocos
lo apoyaran, él tuvo vigor para persistir en sus obras que tomaron tanta fuerza
que convirtió al país en admirador de su trayecto. Nunca rindió sus dedos
para escribir, siempre iba contracorriente de aquello que no estaba de acuerdo
y siguió adelante frente a mareas que intentaron destruirlo.
Un poco de Sabina.
No puedo enamorarme de ti
No, no, no puedo enamorarme de ti
Nadie te roba nada
nadie ocupa lugar,
de nadie son los besos
de los labios del mar,
de nadie es el camino
que no mira hacia atrás,
donde se desangran las estatuas de sal.
Mas de cien mentiras:
Más de cien de palabras, más de cien motivos, para no cortarse de un tajo las venas.
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