lunes, 15 de junio de 2015

Y dije adiós.

Me encontré con el paso de la lluvia, deliraba, ardía en fiebre de cuarenta. Los ángeles venían a rodear mi cabeza sin preguntar si quería que estuvieran.
-Deténganse, no los necesito. Ya estoy muriendo.
Repitiendo palabras prometía al lado de murmullos callejeros que no necesito ayuda de algún 'ángel', estoy escondiendo la herida con un paño sedoso que encontré en la maquina de coser de la abuela. Camino con un pie aburrido de sostener al otro. Recogiendo colillas de cigarros para coleccionar muerte ya consumida. La mierda me sostiene y yo la beso. Los ángeles me quieren ayudar y los les inyecto balas cargadas de insulso. Me parece haber sentido el frío de la calle cuando volteaba la cara y decía -Adiós-

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