miércoles, 7 de enero de 2015

Escribir

Es cierto que la mano tiembla cuando he de enfrentarme a la hoja en blanco. No es un mito que todos en ocasiones tememos escribir. Las palabras están ante puestas a la razón.
No puedo proferir con la boca lo que puedo escribir con la mente. En un lago gigante se ahogan aquellos recuerdos llenos de incertidumbre. En espacios de silencio la mente exige el llamado a escribir y obliga a un sentimiento que posiblemente no puedo escuchar, tampoco puedo preguntarle que quiere en realidad; pero si determino escribirlo. Es arriesgado a morir ahogada en palabras que fluyen en el espacio del viento y se elevan hasta llegar a una cima para querer la libertad.
Si no puedo arrastrar conmigo la esperanza que no venga la pesadumbre. Esta bien allá, lejos de mí.
¿Y si no viven las letras qué sentido hay en la libertad? Al olvidar las mentes pasadas la condena será tiempo perdido. Que afán es escribir. Tortura cuando el lugar es una reunión con colegas y necesitas concentrarte en la conversación; pero el consciente está inquiriendo, dando remolinos de recuerdos. Ya las palabras sienten salir pronto. Entonces ¿Para qué encerrar un monologo interior?
¿La memoria podrá afrontar el duelo con las palabras? Aún lo dudo, tengo que gritar en el interno que se calmen. ¡No vienen a molestar, vienen a darme vida! a quitarme esté asar inoportuno.
La vida la veo de colores y a blanco y negro; dos maneras distintas, pero la veo. Sensibilizar mis sentidos agudizan la profundidad de calar entre pensamientos y mentes pasadas. Observar conlleva a dilatar la realidad en fantasía y convertir el pensamiento en creatividad. Pura creatividad.
No quiero acabar este año sin antes decirle a las letras lo poco que son, pero lo mucho que significan. Se hace nostálgico revivir escritos pasados, errores cotidianos y enseñanzas ilimitadas.

En un mundo nuevo

Hoy mi canto llora, se desvanece mientras voy perdiendo el aliento, los pajaros gimen, el cielo oscurece. que tanto hizo la noche mientras e...