Libertad del amor y la ley,
las normas y lo común.
Ahora vas a ver un militar agradable, un criminal bondadoso.
Una muerte sin dolor. Sufrimiento sin escapatoria y felicidad de presenciar un barco hundirse mientras la gran sonata de violines acompañan de una pieza armónica para recibir un más allá violento.
Y la nada liberte la nada. El amor cese cariño de parejas. La crueldad sea la felicidad de un par de infelices amándose y reconociendo su engaño para seguir su camino de vergüenza amorosa.
La ignorancia ya no pasa por atrevida, sino por bien servida. El conocimiento lo aborrecen los sabios, porque pierden astucia. Aman la vida, son libres. No hay quien imponga que es bueno ni malo. Al carajo la buena moral. grita un tal Allen Ginsberg.
En honor a su defensa en medio de la guerra que genero discriminación el abismal capitalismo Norteamericano, y a la inoportuna guerra que impuso un régimen estrecho sobre ideales con ganas de volar y no quedar en la puerta sin que nadie abriera. Su poesía fue el preludio de sus venenosas ideas.
"Había que hacer era embarcarse en un buque costero y navegar al sur bordeando la costa hasta El Callao, el puerto de lima; para alcanzar la capital de la Nueva Granada, por el contrario, había que cruzar las montañas panameñas, navegar hacia Cartagena, a contraviento, y desde allí a lo largo del Magdalena hasta desembarcar en Honda, desde donde todavía había que ascender la cordillera para llegar a Bogotá" Eloísa: Escritora por vocación. Deja que el alma libere letras, en ellas te identificas
miércoles, 13 de mayo de 2015
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