miércoles, 29 de abril de 2015

No sé que fue

La calle del parque estrecho con un suelo precario; estropeado de recuerdos y perdidas. Y caminaba, mientras lo atravesaba recordaba; esos instantes pasados dentro de la cornucopia de remembranzas. Encontraba las cuatro esquinas vacías en esa tarde lluviosa, sólo mis pies estaban presentes ahí. Escurría no sé qué tanta cantidad de agua, o acaso eran las nubes llorando?
Sentía resquebrajarme por dentro, y pedazos caer junto con las gotas de lluvia; el sonido parecía un perfecto acorde. Ahora entiendo mi sufrir. He decidido aplazar cada momento para lo último, y termino quedándome con nada. La nada me abraza y rechaza cualquier ocasión de dicha.
Sólo seguirán existiendo tres puntos suspensivos, porque será un anhelo más. Gotas de sal filtradas de unos ojos carcomidos por el invierno desolador. Miro al cielo y las estrellas se han marchado a su rincón cosmológico.
La calle esta golpeada a causa del viento que recoge alegrías ligeras a la espera del momento ocasional que no llegará. Ese momento nunca pasará, el roció lo dice con su ligero paso por la hierba fina del lugar.
 La mente procrea un esperanzador instante, sólo uno y su respuesta: en otra ocasión será...
Y qué será? ... Similar al remordimiento de postergar hoy con el mañana inseguro, alimentando la incertidumbre de los días. Y aunque aparezca la intención no será suficiente sino hasta que alce la mirada al cielo y haya cumplido promesas. El sol no saldrá hasta que esa oscuridad determine marcharse y el invierno de paso al verano, cómo la noche al sol.


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