lunes, 16 de marzo de 2015

¿Crees que la poesía recuerda tus heridas?

Por supuesto, comprendo esa intensidad de ella, o acaso no has experimentado el dolor de las letras en una frase, absurdo es si lo negarás. Calan, así mismo como un puñal desesperado por herir entrañablemente está anatomía banal. Porque en contraste con el puñal, la poesía se arraiga al espíritu literario, forman el perfecto complot, y todo para qué? Para indagar viejos recuerdos que emanan para confrontarte. Imploro un grito desde la cúspide de lamentos, es absurdo proferir un no rotundo. No tienes escapatoria, viejo; lees, ves, escuchas poesía. No solamente aludes a escapar, también retractas en el camino la sombra del pasado. Ahora empiezo a remembrar ciertos episodios del destino. Es cierto que no soporto solo; aunque la poesía ha causado heridas hondas también recuerdo haber vivido una fugaz felicidad: acompañándome en el calor de la familia; cuando surgen reuniones por un momento el tiempo se detiene entre todos y reunimos sonrisas hasta compartir nuestras penas, no tan hondas; por que nadie acude a contarte el desazón que se siente a diario. También crees que no me he enamorado? El corazón se entorpece cuando una chica me eclipsa con la mirada coqueta, esbozando sonrisas desde sus labios imprudentes, sí, son imprudentes por concluir en los míos. Lleno de perplejidad no hago más que seguir su juego, y resulta siendo un rato de felicidad. Ves amigo? No ha sido del todo mal, estamos vivos si dejamos que ese complot inunde las cavidades del alma porque de cualquier forma entra a sacudirnos.

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