Adiós, una vez más despido este ser interno que ha de inculcar razones innecesarias para arremeter atroces actos a una persona que no veré más, sólo decidí esconderla en un rincón del espejo, era su foto, para reflejarlo todos los días con mi ojos, contrastar el brillo y la decadencia de aquello que murió hace poco. No recuerdo una noche de felicidad desde que sólo el recuerdo quedo. Llegaba a la casa, y cara a cara en el espejo me encontraba con un yo paralelo, dónde me recordaba quien era y que crimen sentimental había cometido. Había abandonado el fuego avivante, costo mucho hacerlo; pero ahora entrañablemente resulta ser alivio seguro para la tranquilidad de mi pasado. Era una bola de fuego a punto de rodar e incendiar lo poco que en mi quedaba. No era algo desagradable. Opuesto a ello: era deseable, incandescente. Simplemente había una regla, y no la podría romper durante mucho tiempo, aunque ya lo había hecho. Desplome los esfuerzos que con tanto mérito construí. Colapso la entrada de dos premisas: evitar y acceder. Cómo controlar estos desenfrenos, torpeza de mis actos, para hallar un sentimiento llamado querer."Había que hacer era embarcarse en un buque costero y navegar al sur bordeando la costa hasta El Callao, el puerto de lima; para alcanzar la capital de la Nueva Granada, por el contrario, había que cruzar las montañas panameñas, navegar hacia Cartagena, a contraviento, y desde allí a lo largo del Magdalena hasta desembarcar en Honda, desde donde todavía había que ascender la cordillera para llegar a Bogotá" Eloísa: Escritora por vocación. Deja que el alma libere letras, en ellas te identificas
viernes, 20 de febrero de 2015
Estigma III
Adiós, una vez más despido este ser interno que ha de inculcar razones innecesarias para arremeter atroces actos a una persona que no veré más, sólo decidí esconderla en un rincón del espejo, era su foto, para reflejarlo todos los días con mi ojos, contrastar el brillo y la decadencia de aquello que murió hace poco. No recuerdo una noche de felicidad desde que sólo el recuerdo quedo. Llegaba a la casa, y cara a cara en el espejo me encontraba con un yo paralelo, dónde me recordaba quien era y que crimen sentimental había cometido. Había abandonado el fuego avivante, costo mucho hacerlo; pero ahora entrañablemente resulta ser alivio seguro para la tranquilidad de mi pasado. Era una bola de fuego a punto de rodar e incendiar lo poco que en mi quedaba. No era algo desagradable. Opuesto a ello: era deseable, incandescente. Simplemente había una regla, y no la podría romper durante mucho tiempo, aunque ya lo había hecho. Desplome los esfuerzos que con tanto mérito construí. Colapso la entrada de dos premisas: evitar y acceder. Cómo controlar estos desenfrenos, torpeza de mis actos, para hallar un sentimiento llamado querer.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
En un mundo nuevo
Hoy mi canto llora, se desvanece mientras voy perdiendo el aliento, los pajaros gimen, el cielo oscurece. que tanto hizo la noche mientras e...
-
Si detuviera el instante en que recorren mis lagrimas impediría su trayecto, sé que vienen directo del recuerdo. El tiempo en ocasiones qu...
-
Es cierto que la mano tiembla cuando he de enfrentarme a la hoja en blanco. No es un mito que todos en ocasiones tememos escribir. Las palab...
-
Me encontré con el paso de la lluvia, deliraba, ardía en fiebre de cuarenta. Los ángeles venían a rodear mi cabeza sin preguntar si quería q...
No hay comentarios:
Publicar un comentario