viernes, 20 de febrero de 2015

Estigma III

Adiós, una vez más despido este ser interno que ha de inculcar razones innecesarias para arremeter atroces actos a una persona que no veré más, sólo decidí esconderla en un rincón del espejo, era su foto, para reflejarlo todos los días con mi ojos, contrastar el brillo y la decadencia de aquello que murió hace poco. No recuerdo una noche de felicidad desde que sólo el recuerdo quedo. Llegaba a la casa, y cara a cara en el espejo me encontraba con un yo paralelo, dónde me recordaba quien era y que crimen sentimental había cometido. Había abandonado el fuego avivante, costo mucho hacerlo; pero ahora entrañablemente resulta ser alivio seguro para la tranquilidad de mi pasado. Era una bola de fuego a punto de rodar e incendiar lo poco que en mi quedaba. No era algo desagradable. Opuesto a ello: era deseable, incandescente. Simplemente había una regla, y no la podría romper durante mucho tiempo, aunque ya lo había hecho. Desplome los esfuerzos que con tanto mérito construí. Colapso la entrada de dos premisas: evitar y acceder. Cómo controlar estos desenfrenos, torpeza de mis actos, para hallar un sentimiento llamado querer.



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