sábado, 7 de febrero de 2015

Estigma II

Día dos: lenguaje corporal.

De solo pensar en tu piel, se erizan mis bellos, aprenden a colocarse firmes. Y rodeando las calles el perfume de tu cuello se dirigió hacia el olfato; directo al sentido más agudo. Pude comprender al voltear la esquina de la vieja calle, el momento crucial de recibir a mi pecho recuerdos de nuestros viernes. 
Cuando imposibilitaba el tiempo alrededor, lo entregaba a ambos. Decidía escuchar tus quejas, arrullarme en tus brazos y ver estrellas entorno a nuestro pedazo de cielo; allí emergían caricias incesantes. La atracción de dos seres inevitables a revelar el fuego interno. Algo consumía las entrañas y me preguntaba: ¿Qué era tanto ajetreo en el vientre? No comprendí que el causante era el fuego. Sin embargo caminaba de su brazo, sentía una fuerza de querer abrazarlo, deslizar mis dedos por su espalda, rozándole una porción de lo que causaba estremecerme por sus besos.
Deslizaba los labios en movimiento ondulatorio para hallar los suyos y ahí nos encontramos la primera vez. Las miradas entendidas del momento, reflejaban el querer. Porque aun sentados frente a la noche nuestros cuerpos hablaban lo que no podría decir la razón. El lenguaje entonces eran caricias.

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